El otro dia tuve mi primer "retiro" budista (en ingles le dicen sitting), toda una mannana dedicada a la meditacion, con solo un par de descansos, uno para tomar te y galletas, y otro para hacer chanting.
No se quien dijo que los humanos tenemos la mente como un mono. Es tan facil distraerse y saltar de un pensamiento al otro. Y en esta era de distracciones, es mucho mas facil aun. Es dificil ser consciente del momento. Asi que alli estuve yo, toda la mannana tratando de adiestrar al mono, y aquello no es nada facil. No es nada relajante ni cuchi. Hay que prestar atencion, mucha atencion. Y al final, de cierta forma perdi la batalla con el mono porque me empece a quedar dormida, alli sentada en mi cojin. Empece a cabecear y hasta a sonnar, y parte de mi gritaba "Despiertate! Esto NO es lo que debes estar haciendo, conchale". Y la otra mitad de mi, medio adormilada y borracha de suenno decia "Ah, solo un momento...zzzz". En realidad no importa, siempre se puede volver a intentar. Tengo que recordarme a mi misma, asi como le recuerdo a los nenes cuando los dos salen corriendo al banno a lavarse las manos: "No es una competencia!". No lo es.
Lo que mas me gusto de la mannana, lo que mas se quedo conmigo, no tiene nada que ver con meditacion ni budismo. Es algo que ocurrio durante el descanso. Fuimos silenciosamente a la cocina a tomar te y snacks. Es una de esas cocinas al fondo de la casa, con muchas ventanas que dan al jardin. El jardin era el tipico jardincito de una casa vieja aqui en Calgary, con el garage ocupando la mitad del espacio, una valla de madera, varios bancos por aqui y por alla, y un arbol grande. El arbol, por supuesto, tenia una figura de Buda sentado bajo sus ramas. En el jardin de la casa de al lado, cerca de la valla y sobresaliendo por encima de la misma, habia una pila de cajas, y encima, un gato gris, relajadisimo y dormitando al sol, con los ojos entrecerrados. El dia estaba lindo, calido, con el cielo azul, y varias personas, inluyendo al maestro, salieron a disfrutar del jardin. El maestro, Tim (pelon, descalzo, con su batola negra de maestro zen) se acerco al gato lentamente, primero le hablo, luego dejo que el gato oliera su mano, y finalmente lo acaricio (asi se hace con los gatos). El gato acepto todo aquello de buen humor y ser relajo aun mas con las caricias. Esa imagen, de mi maestro zen acariciando al gato se quedo conmigo, y la tengo en mi cabeza, no porque haya algun significado oculto, sino simplemente por lo bonito que se vio todo.
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